Prométeme que nunca seremos muertos cenantes (Para Auro)

Publicado: 12 marzo, 2009 en Filosofía de supermercado (a mí... me funcionaaa!!)

Hace unos meses me hicieron llegar este cuento cuando más lo necesitaba; hoy se lo quiero dedicar a mi amiga Auro que, como me sucede a mí y a muchos, a veces se olvida de que hay personas que no la merecen.

Un beso fuerte, cariño.

“Érase una vez un joven que acudió a un sabio en busca de ayuda.

-Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo ganas de hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?

El maestro, sin mirarlo, le dijo: «Cuánto lo siento, muchacho. No puedo ayudarte, ya que debo resolver primero mi propio problema. Quizá después…». Y, haciendo una pausa, agregó: «Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar».

-E… encantado, maestro -titubeó el joven, sintiendo que de nuevo era desvalorizado y sus necesidades postergadas.
-Bien -continuó el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo meñique de la mano izquierda y, dándoselo al muchacho, añadió-: Toma el caballo que está ahí fuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, y no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.

El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó al mercado, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes, que lo miraban con algo de interés hasta que el joven decía lo que pedía por él.

Cuando el muchacho mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le giraban la cara y tan sólo un anciano fue lo bastante amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era demasiado valiosa como para entregarla a cambio de un anillo. Con afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un recipiente de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro y rechazó la oferta.

Después de ofrecer la joya a todas las personas que se cruzaron con él en el mercado, que fueron más de cien, y abatido por su fracaso, montó en su caballo y regresó.

Cuánto hubiera deseado el joven tener una moneda de oro para entregársela al maestro y liberarlo de su preocupación, para poder recibir al fin su consejo y ayuda.

Entró en la habitación.

-Maestro -dijo-, lo siento. No es posible conseguir lo que me pides. Quizás hubiera podido conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.
-Eso que has dicho es muy importante, joven amigo -contestó sonriente el maestro-. Debemos conocer primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar tu caballo y ve a ver al joyero. ¿Quién mejor que él puede saberlo? Dile que desearías vender el anillo y pregúntale cuánto te da por él. Pero no importa lo que te ofrezca: no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.

El joven volvió a cabalgar.

El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo al chico:

-Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya mismo, no puedo darle más de cincuenta y ocho monedas de oro por su anillo.
-¿Cincuenta y ocho monedas? -exclamó el joven.
-Sí -replicó el joyero-. Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de setenta monedas, pero si la venta es urgente…

El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.

-Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como ese anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte un verdadero experto. ¿Por qué vas por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?

Y, diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo meñique de su mano izquierda.

Lorena (sustitúyelo por “Auro”, o por quien sea), tú vales mucho pero no para cualquiera. Sólo te valorará aquél que te merezca de verdad y que aprecie lo que tú vales. Ánimo”

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comentarios
  1. Anonymous dice:

    Que joven eres y cuanta fortaleza derrochas, te quiero un monton.Vizcable

  2. peregrino dice:

    Pasa con los anillos… pasa con las personas… pasa con las ranas… Ya lo decían Machado y Serrat… lo nuestro es pasar… con que a PASAR DE TODO y a vivir la vida sin mas historias. Un besazo.

  3. Anonymous dice:

    Muchisimas gracias por tus ánimos Lore. Tu si que sabes la falta que hacen en momentos como este.De todo hay que sacar lo positivo, ya que es lo que nos hace aprender y ser mejores personas. Y fijate bien: Gracias a todo esto que nos está pasando, estamos recuperando una buena amistad que ya estaba echando de menos.Lorena, nunca se pierde,… yo ya estoy ganando muchas cosas, y lo que me queda por ganar.¿Montamos un club? jejejeje. Muchos besos guapa!Auro

  4. Lorena dice:

    Claro que sí, aunque sea inevitable sufrir porque que nos hagan ciertas cosas es un PUTADÓN como una catedral, en el fondo los únicos que pierden son los necios que apartan de su camino a personas como nosotras. Lo que no nos destruye nos hace más fuertes, y esta noche nos vamos a tomar unas cuantas tú, yo y todo el que se quiera apuntar para brindar por todas las cosas bonitas que tenemos y que merecen que nos riamos hasta de nosotras mismas. Como dice el Peregrino, a vivir la vida sin más historias, porque ¿sabes lo que hacemos con estas cosas?¡¡¡¡Nos las pasamos por la brenca!!!!

  5. Anonymous dice:

    Como siempre tienes toda la razón. En los años que hemos pasado juntas creo que lo único que he sacado de valor de la universidad sois vosotros. Me alegro un montón de teneros cerca.Muchos besos Lore!!!PD: No me olvido de la quedada cervecera.Diana Z.

  6. Anonymous dice:

    Gracias por la historia Lore!! Me has alegrado un poco la tarde. BEsos

  7. Arantza dice:

    Gracias Lore por sacarme siempre una sonrisa, aunque vaya acompñada de alguna lagrima de emocion. Arantza.

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