Lo que tarda un Wok

Publicado: 13 septiembre, 2010 en Mi vida sin mí (la cruda realidad en primera persona)

Laureano es el cocinero encargado del show-cooking de uno de los restaurantes chinos donde más me gusta ir. “El chino guarro”, le llamamos cariñosamente en el grupo, porque es de esos chinos auténticos, de los de toda la vida, que cuando sales tienes los dedos pringosillos sin saber muy bien por qué y un malestar generalizado por el objetivo cumplido de haber aprovechado al límite el buffet libre.

Siempre que voy, mientras espero que le dé en los fogones el toque magistral a los ingredientes que he elegido, tengo mi educada charlita de dos minutos con él, conversación de ascensor, simplemente para llenar ese pequeño espacio de tiempo. Por unas cosas u otras, el otro día la conversación fue algo más profunda. Laureano me habló de su vocación frustrada: era mecánico industrial, a pesar de dedicarse a menear sartenes. De poco le servían para eso su formación, su experiencia profesional, o sus conocimientos, que iban quedándose poco a poco obsoletos, a fuerza de verse obligado a trabajar en lo primero que le salió cuando llegó y los orientales fueron los únicos que le brindaron la oportunidad de ganarse el pan sin tener “papeles”. Aunque para mí es un maestro en la cocina, la verdad es que me entristeció su historia. Le facilité algunos contactos para que pudiera probar suerte, pero en el fondo era consciente de lo complicado de su situación.

Mientras cenaba, no pude evitar observar el cariño con el que Laureano atendía a todo el que se acercaba a que le cocinara, sin dejar que absolutamente nadie se fuera sin una sonrisa. Ahí estaba él, el rey del wok, meneando sartenes a ritmo de salsa, e improvisando ocurrencias para que todo el que se acercaba por allí se volviera contento a su mesa.

Puede que Laureano nunca vuelva a trabajar como mecánico industrial. Puede que el trabajo en el que estés nunca te haga sentir desarrollado. Pero si, incluso a pesar de eso, eres capaz de hacer feliz a la gente, aunque sólo sea durante los dos minutos que les cocinas un wok, creo que al menos mereces que la suerte se ponga un poquito de tu parte.

Cuando me despedí de él, le sonreí y le dije “ojalá que la próxima vez que venga pregunte por ti y me digan que no estás porque te salió trabajo en alguno de los sitios que te he pasado”. Él apoyó su mano en mi hombro, me miró fijamente como si me conociera de toda la vida y me dijo “ojalá que no dejes que nadie nunca te quite la magia que desprendes”.  Me quedé en un estado tal, que ni siquiera lo comenté con nadie.

Cuando llegué a casa, ya sola, no pude evitar soltar unas lágrimas. No sé si porque creo que es increíble que un desconocido sea capaz de conectar contigo en un segundo y hacerte sentir así de especial, o porque sé que voy a echar de menos a Laureano la próxima vez que vaya y ya no esté.

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comentarios
  1. Asterisco dice:

    Magnífico! De buena mañana y ya estoy llorando. Desconozco cual será el futuro inmediato de Laureano, lo que si que tengo claro es que tu no vas a tardar nada en encontrar tu lugar en el mundo, más o menos, lo que un caramelo en la puerta de un colegio.
    Ánimo princesa

  2. Diana dice:

    ¡¡Lo mismo que nos haces sentir a todos los que te conocemos
    guapa!! Vales una mina y la primera persona que lo debe de tener claro
    eres tú.

    Muchos cariños ; )
    Diana

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